Tengo guardadas tres canciones nube,
una guitarra con olor a tiempo,
y un elefante al que subir descalza.
Aún descubro, sin forzar la vista,
el horizonte agazapado en nudos
de viejo olivo y cortijos blancos.
A veces, dejo que se esparzan libres
como salvajes y ruidosos niños.
Otras, prefiero encadenarme al aire
y sortear las telarañas mudas
que multiplican el vacío entero.
Tengo guardadas tres sonrisas rojas
y un adhesivo de papel que brilla
sin elefantes ni zapatos tímidos.