uno a uno me comería los segundos que se empeñan en demorar te, esos minutos llenos de guisantes aburridos, de tanto verde, de tanto día redondo y apio que se me enquistan en la ventana.
uno a uno voy guardando te para que no se me difumine tu color a cielo abierto y risa, tu sabor a dulce y serpentinas, tu mirada llena de volteretas y agua que siempre enciende este infinito desorden
uno a uno voy depositando los aullidos locos, tu mano enredada en mi prisa y el viento tan quieto que me recuerda que todo nos vuela
uno a uno desguazaría los días llenos de pinchos vacíos y me estamparía en cada una de tus esquinas con la prisa encendida y todos los erizos despiertos
dicen que cien hordas de pinchos aguardan agazapados tras la ventana, que todas las flautas agonizan en la próxima esquina y el viento silba canciones cadáver mientras nos rechinan los tiempos aullido
aseguran que ya no hay agua vacía y los escombros en el tejado reinan mientras todas las culebras supuran luegos.
sigo sin entender qué pasó, ni cuándo y mucho menos cómo pero tú