miércoles, 23 de noviembre de 2011

leyendo "Terrenal y Marina" de Elvira Daudet


Hace poco recibí tres libros, entre los que estaba Terrenal y Marina, me temblaba en las manos (al principio no lo entendí pero es que estaba lleno de mar y de tierra y de mí y de todos), lo dejé reposar unos días en la mesilla de noche. Los buenos libros han de reposar como el vino, hay que tocarlos como la primera vez a un amante y dejarlos mirarte hasta que un día decides navegar entre sus páginas, que te envuelvan, que te secuestre el tiempo (ese que nos empeñamos en llenar de horas) y se convierta en versos.

De sal y caracolas y caigo en el hechizo, ya no me pregunto por qué de repente en vez de letras hay un espejo, ni por qué hay trozos de sal en mis pestañas. Y no, no se va la vida aunque duela y conozco el opio que invade los adentros y abre las ganas de abrir puertas y vidas aunque sean luego puñales y sea condena, amor eterno (el que nunca muere aunque insistamos en matar). Droga dura y me quedo perpleja miro a un lado y a otro, estoy sola, tengo un poema que me entiende… a mí (¿?).  He de cerrar los ojos un instante y recobrar el aliento (¿se puede llorar de belleza? ). Me estremezco con el siguiente poema “Julieta” cuyo primer verso dice así “llueve bajo sus párpados cerrados” vuelvo a mirar a mi alrededor y confirmo que sólo estamos el poema, yo, el cielo gris y mi perrita acurrucada al lado.

Estos días he leído tantos poemas que no me han dicho más que palabras, leyendo a Elvira Daudet me reconcilio con la poesía,  con la que me importa un pepino cómo se haya escrito porque la mastico y sabe a vida. Y si la aprieto me sangra el alma y ¿cómo lo hace? vuelvo al conocido pepino, que más da…  Ayer decían que en el museo Sorolla explicaban cómo conseguía el blanco el maestro de la luz, pero qué horror pensé yo, a mí me da lo mismo sólo disfruto con su obra.

Es madrugada de Domingo y sigo abrazando cada hoja, cada palabra, cada metáfora y leo el “amante de lluvia” vuelo hacia los recuerdos que no son los míos y los siento,  amantes fugaces que siempre vuelven porque nunca se fueron. Continúo y “el sueño se hace grito” y cada verso va estampándose por las esquinas de este cuarto tan blanco y tan lleno de Elvira ahora. En el año 1999 se publicó este poemario, tan de hoy a pesar de ayer.

Los chacales aúllan tan cerca que puedo oler ese silencio fúnebre y  el sollozo se hace futuro , retumba en aquella fotografía que nunca miro, “envejecer a solas”, “ángeles descuidados” y es ése cementerio al que nunca quiero ir ni nombrar el que se hace piedra sangre y se me aparece como fantasma frío.

Necesito respirar y es que cada poema es un universo entero de sensaciones que brillan y van removiéndote unas veces despacio y otras  te derrumba sin avisar, como la verdadera belleza y lo auténtico que nunca necesitan preludios.

De repente me avergüenzo enormemente de mis raquíticos y torpes versos que Elvira ha leído cada vez que ha visitado este blog. Es como si el gran Miguel Angel en todo su esplendor tuviera que contemplar un pastorcito de plastilina.

Sigo paladeando cada poema, despistando esa muerte que a todos nos acompaña como si fuera “simplemente un cuento” y otra vez los poemas inundan la noche,  en la ventana se deshace una flor de nieve Leonor  niña de luto tras el poeta, alguien en la distancia sueña y tiembla con tanta tierra hermana, con tanto mar, es ancha la muerte y el hombre sólo un átomo de llanto. Palpo la tierra, oigo las olas de África, quiero ser hoja mar o simple caracola, tiemblan mis ventanas de tanto viento y me mece el mar Elvira y me tiembla la tierra Daudet .  Mar,  olas…. y el mar en cada una de las hojas respira olas, y la tierra más verdad . Vuela un papel con ansia de gaviota sobre él padre agua sal, madre ola espuma. Y se llena la orilla de arena y una niña se rompe y la barca vacía… hilvano mis trozos que lloran el mar y la luz se me ciega de sur.

¡Qué danza de amarillos
que vaivén de violetas!

Mar vida, dios libertad y moribundo. Todo ojos como yo en cada verso, en cada palabra, en cada suspiro leyendo a este Mar que es Elvira Daudet.


10 comentarios:

MariluzGH dijo...

Pues me están dando ganas de ir a buscarlo, oye... :)

un abrazo

Leonel Licea dijo...

Por suerte y con orgullo, esta vez puedo decir que conozco el libro, que lo tengo entre los imprescindibles de esos que "reposan" inquietos en mi comodin para darme respuestas cuando las necesito. Terrenal y Marina es así como lo describes, Elvira es así terrena y marina!!!
Un abrazo y mil besicos para ti y otros mil con abrazo para Elvira (extraño mucho sus poemas).
Leo

Isolda dijo...

Charcos, he vuelto a leer el libro, siguiendo tu visión tan particular. Te felicito, nunca hubiera podido transcribir las emociones que sentí, en su momento, como tú lo has hecho. Y es que Elvira es muy grande. Y tú también eres especial.
besos, por mi parte marinos.

Charcos dijo...

Mari luz en la casa del libro aún se consigue ;)

besicoss

Charcos dijo...

Gracias Leo !! es grande Elvira aunque nos regañe por decirlo jjj.

Besicossss

Charcos dijo...

Gracias Isolda es intenso y magnífico todo él, cada poema es especial.

besicos un puñao pa ti

Amando Carabias María dijo...

Magnífica reseña. Emociona hasta el tuétano, a pesar de la hora y del sitio en que escribo este comentario.

Charcos dijo...

Gracias Amando, la culpa la tiene Elvira que leyéndola nos transforma a todos.

Besicoss

(umm no pregunto el sitio aunque me quedo con la duda jjjj supongo que andarás currando)

Paloma Corrales dijo...

Tu sensibilidad es infinita y la reseña de cómo has leído y sentido a Elvira una maravilla. Imposible no emocionarse contigo.

Besos y besos.

Charcos dijo...

Gracias guapa y la culpa tuya que me la descubriste.

besicos montones achuchaoooss